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  • Autor: Clase de literatura
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 16
  • Última actualización: 04/08/2020

Cuentos en tiempos de pandemia, 

Otra vez esa frase en tu cabeza, Manuel, no salgas de casa. Vuelve de cuando en cuando a tu mente como una canción irritante. Ya te comprometiste con Tony y no puedes quedarle mal. No podrías, es el único que te ha ofrecido algo en esta cuarentena. Los demás solo te ignoran, solo pasan cargando sus bolsas del supermercado con disimulo, solo te dicen Manuel, no salgas de casa.

Manuel, que cada día hay más muertos. Que es una pandemia que cobra más vidas con cada minuto. Que los que se mueren de eso los tiran en fosas comunes y no dejan que nadie los vele. Se mueren solos como perros. Pero es que si no te mata el virus te mata el hambre. Ya empeñaste casi todos los electrodomésticos. Hasta el televisor de 40 pulgadas que te dolió casi tanto como si lo hubieses pagado tú.

Ya te comprometiste con Tony a hacer ese trabajo, que en honor a la verdad, no es lo que se llame un trabajo honrado pero de algo hay que vivir. Que la cosa está muy mala. Que no hay empleo en ninguna parte. Que nadie te acepta y todas las demás cosas que te dices para poderte seguir mirando al espejo. Es así desde que tienes uso de razón. Le buscabas defectos a tus compañeritos de escuela para justificar que le robaras los juguetes. Te decías que las señoras del barrio eran tacañas para hurtarles el dinero de los monederos. Justificar tus robos te hacía sentir mejor. Te sentías como un Robin Hood moderno que robabas para tu pobre favorito, que eras tú.

Luego, cuando comenzaste atracar pensabas “qué hacía ella en ese callejón oscuro” o “quién lo manda a andar con el celular en la mano” o “por descuidados es que les pasa”. Con los años se te fue haciendo tan cotidiano que ya no necesitabas auto redimirte. Simplemente no pensabas en eso. Te quitabas la capucha y dejabas en ella la culpa.

Pero estos días contigo mismo no han sido fáciles. Has tenido que vender el Xbox y empeñar el televisor. Y esa voz en tu cabeza que no se calla. Que te recuerda cosas que es mejor mantenerlas en el cajón del olvido, que te repite hasta el cansancio Manuel, no salgas de casa.

El trabajo es sencillo. Mendoza sale todos los días a las 3:45 del negocio. Como los bancos a esa hora ya están cerrados por la cuarentena, lleva el dinero consigo. Se sube en su yipeta y conduce las tres cuadras que lo distancian de su casa. La vuelta es agarrarlo en el parqueo antes de que se suba al vehículo y quitarle todo el dinero. Es un trabajo simple, tanto que ya lo han atracado dos veces. Ya te dijo Tony que es un señor mayor y para que le respeten la vida entrega rápido y sin complicaciones. Y como nota personal te dices que es un usurero, que se está haciendo rico vendiéndole caro a los pobres, que se está aprovechando de la pandemia para subir los precios de los productos, que se merece lo que le va a pasar.

Manuel, no salgas de casa, te recalca la conciencia al cerrar la puerta tras de ti. Te subes en la moto y te dices en voz baja que todo estará bien. Tienes tu mascarilla y guantes. El cuchillo lo tiene Tony, tú tienes una 45 mm sin balas que sirve para engañar. Tienes la experiencia de años que te indica que la vuelta será fácil. Que todo saldrá bien.

Manuel, no debiste salir de casa, te recrimina la conciencia en el hospital. El sonido intermitente de la máquina a la que estás conectado no te deja dormir. Tampoco te gusta la forma como te miran aquí. Las enfermeras te tratan con pena, como si te quedara poco tiempo. El doctor disimula menos. Te dice las cosas francamente. Tal vez no tiene ninguna consideración porque sabe a lo que te dedicas. Pero no eres tan malo, Manuel, te dices, porque cuando el viejo Mendoza se puso a toser trataste de ayudarlo, y te impresionó la rapidez con que sacó ese revolver de la nada. Sentiste el golpe frío de la bala en el pecho y pudiste ver a Tony encender el motor e irse. No debiste salir de casa, Manuel. Otra vez truena tu conciencia. Pero la parte buena, si es que la hay, es que a ti no te matará el virus.

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